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Biopsiquiatría Iluminada


Publicado originalmente en el Boletín de Inteligencia Parental Número 60, 22 de septiembre de 2003

En el número 58 de Inteligencia Parental, incluí una cita de una carta de renuncia, escrita a la Asociación Americana de Psiquiatría por el Dr. Loren Mosher, por ese entonces, un oficial del Instituto Nacional de Salud Mental.

Hubo otra referencia a esa carta de renuncia en el artículo de la semana pasada del Dr. Richard Shulman, “Las Ropas Nuevas del Cirujano General”.

Ahora me encuentro en condiciones de entregarles el texto completo de la carta del Dr. Mosher, publicada aquí con el permiso del autor.

Carta de Renuncia a la Asociación Americana de Psiquiatría

4 de diciembre de 1998

Loren R. Mosher, MD, a Rodrigo Muñoz, MD, Presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA)
 
“Querido Rod:
 
Después de casi tres décadas como miembro, es con una mezcla de placer y decepción que presento esta carta de renuncia a la Asociación Americana de Psiquiatría. La razón principal de esta acción es mi convicción de que estoy realmente renunciando a la Asociación Americana de Psicofarmacología. Afortunadamente, la verdadera identidad de la organización no requiere ningún cambio en la sigla.
 
Lamentablemente, la APA refleja, y refuerza, de palabra y de hecho, a nuestra sociedad droga-dependiente. Sin embargo, ayuda a librar la guerra contra las ‘drogas’. Los clientes de ‘doble diagnóstico’ son un problema importante para nuestro campo, pero no a causa de los ‘buenos’ medicamentos que prescribimos. Los ‘malos’, son los que se obtienen principalmente sin receta. Un marxista observaría que siendo una buena organización capitalista, a la APA le gustan sólo aquellas drogas de las cuales pueda obtener un beneficio – directa o indirectamente. Este no es un grupo para mí. En este punto de la historia, en mi opinión, la psiquiatría ha sido completamente comprada por las empresas farmacéuticas. La APA no podría continuar sin las compañías farmacéuticas apoyando sus reuniones, simposios, talleres, publicidad en revistas, grandes rondas de almuerzos, becas educativas sin restricciones, etc., etc. Los psiquiatras se han convertido en los siervos de las promociones de las compañías farmacéuticas. La APA, por supuesto, mantiene que su independencia y su autonomía no se ven comprometidas en esta enmarañada situación. Cualquiera con un mínimo de sentido común, asistiendo a la reunión anual, podría observar cómo la compañía farmacéutica exhibe, y ‘los simposios patrocinados por la industria’, atraen a las multitudes con sus diversas tentaciones, mientras que a las serias sesiones científicas apenas se asiste. El entrenamiento psiquiátrico refleja su influencia también: la parte más importante de la currícula de un residente es el arte y la cuasi-ciencia de repartir drogas, es decir, de escribir la prescripción.

Estas limitaciones psicofarmacológicas de nuestra capacidad de ser completamente médicos también limitan nuestro horizonte intelectual. Ya no buscamos entender a las personas todas en sus contextos sociales – más bien estamos allí para realinear los neurotransmisores de nuestros pacientes. El problema es que es muy difícil tener una relación con un neurotransmisor – sea cual fuere su configuración. Por lo tanto, nuestra organización gremial proporciona un fundamento, a través de su visión de túnel neurobiológico, para mantener nuestra distancia del conglomerado de moléculas que hemos llegado a definir como pacientes. Toleramos y promovemos el uso generalizado e indebido de productos químicos tóxicos que sabemos que tienen graves efectos a largo plazo – la disquinesia tardía, demencia tardía y graves síndromes de abstinencia. Por lo tanto, ¿quiero ser un pelele de una compañía farmacéutica que trata moléculas con su recetario? No, muchas gracias. Me entristece que después de 35 años como psiquiatra, espere con ansias desvincularme de semejante organización. De ninguna manera representa mis intereses. No está dentro de mis capacidades el creerme el actual modelo biomédico-reduccionista anunciado por la dirigencia psiquiátrica, de casarse una vez más con la medicina somática. Esta es una cuestión de moda, política y, al igual que la conexión con la casa farmacéutica, de dinero.
 
Además, la APA ha entrado en una alianza impía con NAMI [*1] (no recuerdo que se les haya preguntado a los miembros si apoyaban a una asociación semejante), a tal punto que las dos organizaciones han adoptado públicos sistemas de creencias similares sobre la naturaleza de la locura. Mientras se proclama a sí misma la ‘defensora de sus clientes’ la APA está apoyando a los no-clientes, los padres, en sus deseos de estar en control, vía dependencia legalmente forzada, de su loca/mala progenie: NAMI, con la tácita aprobación de la APA, ha repartido una droga pro-neuroléptica y una agenda de fácil reclusión-institucionalización que viola los derechos civiles de sus crías. En la mayoría de los casos, nos mantenemos al margen y permitimos que esta agenda fascista avance. Su dios psiquiátrico, el Dr. E. Fuller Torrey, está autorizado a diagnosticar y recomendar tratamiento a aquellos en la organización NAMI con quienes discrepa. Evidentemente, una violación de la ética médica. ¿APA no protesta? Por supuesto que no, porque él está diciendo algo con lo que la APA está de acuerdo, pero no puede exponer explícitamente. Se le permite ser un frustrado; después de todo – él ya no es miembro de la APA. (¡Lindo trabajo APA!) La miopía de este matrimonio de conveniencia entre APA, NAMI, y las compañías farmacéuticas (que alegremente apoyan a ambos grupos debido a su compartida postura pro-drogas) es una abominación. No quiero ser parte de la psiquiatría de la opresión y el control social
.

‘Las enfermedades cerebrales biológicamente basadas’ son sin duda convenientes para las familias y profesionales por igual. Es un seguro con franquicia en contra de la responsabilidad personal. Todos estamos sólo irremediablemente atrapados en el remolino de la patología cerebral del que nadie, excepto el ADN, es responsable. Ahora, para empezar, cualquier cosa que tenga una patología cerebral específica anatómicamente definida, se convierte en una provincia de la neurología (la sífilis es un excelente ejemplo). Así que, para ser coherente con este punto de vista de ‘enfermedad cerebral’, todos los principales trastornos psiquiátricos se convertirían en el territorio de nuestros colegas neurólogos. Sin haberlos encuestado, creo que esquivarían la responsabilidad sobre estos problemáticos individuos. Sin embargo, la coherencia exigiría nuestra entrega de ‘las enfermedades biológicas cerebrales’ a ellos. El hecho de que no hay pruebas que confirmen la atribución de enfermedad cerebral es, en este punto, irrelevante. Con lo que estamos lidiando aquí es con la moda, la política y el dinero. Este nivel de deshonestidad intelectual y científica es demasiado atroz para mí como para seguir apoyándolo con mi membresía.

Veo sin sorpresa que la formación psiquiátrica está siendo sistemáticamente desautorizada por los graduados de la escuela de medicina americana. Esto nos debe dar un motivo de preocupación sobre el estado de la psiquiatría de hoy. Debe significar – por lo menos en parte – que ven a la psiquiatría como muy limitada y poco desafiante. A mí me parece claro que nos dirigimos hacia una situación en la que, a excepción de los académicos, la mayoría de los profesionales psiquiátricos no tendrá relaciones reales – tan vitales para el proceso de curación – con las perturbadas y perturbadoras personas a las que tratan. Su único papel será el de escritores de prescripciones – unos don nadie bajo la apariencia de ser ‘ayudantes’.

Por último, ¿por qué la APA debe aparentar saber más de lo que sabe? El DSM IV es la invención con la cual la psiquiatría busca la aceptación de la medicina en general. Los de adentro saben que es un documento más político que científico. Ya que en  sus créditos lo dice – a pesar de que su breve apología es rara vez notada. El DSM IV se ha convertido en una Biblia y un best seller hacedor de dinero – no obstante sus principales deficiencias. Limita y define la práctica, algunos lo toman en serio, otros más realistamente. Es la forma de poder cobrar. La fiabilidad del diagnóstico es fácil de alcanzar para los proyectos de investigación. La cuestión es ¿qué nos dicen las categorías? ¿En realidad representan con precisión a la persona con un problema? No lo hacen, y no pueden, porque no hay criterios externos que validen a los diagnósticos psiquiátricos. No hay ni una prueba de sangre ni lesiones anatómicas específicas para ningún trastorno psiquiátrico importante. Entonces, ¿dónde estamos? La APA, como organización, ha implícitamente (a veces explícitamente también) apoyado un teórico engaño. ¿Es la psiquiatría un engaño – tal como se practica hoy en día? Lamentablemente, la respuesta es mayormente, sí.
 
¿Qué recomiendo a la organización, a mi partida, después de experimentar tres décadas de su historia?

1. Para empezar, déjennos ser nosotros mismos. Dejen de hacer alianzas nefastas sin el permiso de los miembros.

 2. Sean realistas sobre la ciencia, la política y el dinero. Rotulen a cada uno por lo que son – es decir, sean honestos.

3. Salgan de la cama de la NAMI y las compañías farmacéuticas. La APA debería alinearse, si uno cree en su retórica, con los verdaderos grupos de consumidores, es decir, los ex-pacientes, los sobrevivientes psiquiátricos, etc.

4. Hablen con los miembros – no puedo estar solo en mis opiniones.
 
Pareciera que hubiésemos olvidado un principio básico – la necesidad de estar orientados a la satisfacción del  paciente / cliente /consumidor. Yo siempre recuerdo la sabiduría Manfred Bleuler: ‘Loren, nunca debes olvidar que eres el empleado de tu paciente’. Al final, ellos determinarán si la psiquiatría sobrevive o no en el mercado de los servicios.”

Copyright© Loren R. Mosher, MD.

Acerca de Dr. Loren Mosher

Nacido y criado en California, el doctor Mosher recibió su diploma de la Universidad de Stanford y su doctorado, con honores, de la Facultad de Medicina de Harvard en 1961, donde también hizo posteriormente su formación psiquiátrica. Fue el Director Clínico de Servicios de Salud Mental de San Diego, California, del 7/96 al 11/98 y sigue siendo Profesor Clínico de Psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de California, en San Diego. Una de sus principales tareas en San Diego fue la implementación de un sistema de atención administrado para pacientes adultos del sector público. A partir de 1988-96, fue el Director Médico Jefe del Departamento de Adicciones, Víctimas y Servicios de Salud Mental del Montgomery County Marylands, y Profesor Clínico de Psiquiatría en la Universidad de Servicios Uniformados de Ciencias de la Salud, de la Facultad de Medicina F. Edward Herbert. En su desempeño en el Condado de Montgomery, ayudó a establecer una serie de programas innovadores, incluyendo una empresa de informática operada y de propiedad de los consumidores, y una nueva alternativa residencial a la hospitalización psiquiátrica de las personas en crisis.

Su formación profesional y experiencia son ambas amplias y de gran alcance. Recibió formación en investigación en el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) del Programa de Investigación Intramural en Bethesda, Maryland y en la Tavistock Clinic en Londres. A partir de 1968-80 fue el primer Jefe del Centro de Estudios de la esquizofrenia del NIMH. Estando en el NIMH fundó y sirvió como el primer Editor en Jefe del Boletín de Esquizofrenia.

De 1970 a 1992 fue un investigador colaborador, luego Director de Investigaciones, del Proyecto Soteria – Alternativas Comunitarias para el Tratamiento de la Esquizofrenia. En este rol, fue instrumental en el desarrollo y la investigación de una innovadora instalación de tratamiento residencial  sin drogas, no hospitalario, parecido al hogar, para personas con psicosis aguda. Las numerosas publicaciones de este experimento demuestran la viabilidad y la rentabilidad de su enfoque no tradicional para el tratamiento de personas recientemente identificadas como esquizofrénicas. Continuando con el gran interés de su carrera en la investigación clínica, el Dr. Mosher, más recientemente (1990-1996) ha sido el Investigador Principal de una beca para investigación/ demostración del Centro de Servicios para Salud Mental (CMHS) para el primer estudio para comparar los resultados clínicos y los costos para pacientes gravemente enfermos mentales a largo plazo del sector público (“voladores frecuentes”, asignados aleatoriamente – sin psicopatología basada en criterios de exclusión) a una alternativa residencial a la hospitalización o el pabellón psiquiátrico de un hospital general local (Proyecto McPath). Sus conclusiones, efectividad clínica comparable, con un 40% de ahorro de costos a favor de la alternativa, tienen importantes y agudas implicancias en los cuidados.
 
En 1980, mientras estaba en la Escuela de Medicina de la Universidad de Verona, Dr. Mosher realizó un exhaustivo estudio del nuevo y revolucionario sistema de salud mental italiano. Él documentó que un nuevo sistema de atención, apoyado por Servicio Nacional de Salud, en la zona de influencia de una comunidad, podría evitar las admisiones a los grandes hospitales estatales, permitiéndoles ser gradual y finalmente cerrados. También demostró que cuando el sistema bajo el mandato de la comunidad se aplicaba correctamente, no había consecuencias negativas para los pacientes o la comunidad. En su trabajo legal/psiquiátrico, el Dr. Mosher fue perito de los demandantes con éxito en dos demandas judiciales relacionadas con la medicación forzada de pacientes psiquiátricos (NJ; Renie vs. Klein, 1978; CA; Jamison vs. Farribee 1983). Actualmente es perito de los demandantes en cuatro demandas judiciales (MD, VA, DC y AZ) en contra de los Institutos Psiquiátricos de América (PIA) y las Empresas Médicas Nacionales (NME) por mala praxis médica y fraude al seguro (presente – 1994).

Como médico, el doctor Mosher se especializa en la familia y el tratamiento de adolescentes,  consulta del programa de psiquiatría comunitario, y la capacitación del personal. Como maestro, él es un reconocido experto en transmitir los aspectos críticos y esenciales del proceso de entrevistar a los estudiantes en todos los niveles.

Además de más de 100 artículos y reseñas, el doctor Mosher ha editado libros sobre Psicoterapia de la Esquizofrenia y sobre el Tratamiento del Entorno del Paciente. Su libro, Salud Mental de la Comunidad: Principios y Práctica, escrito con su colega italiano, el Dr. Lorenzo Burti, fue publicado por W. W. Norton en 1989. Una versión revisada, actualizada y abreviada de bolsillo, Salud Mental de la Comunidad: Guía Práctica, apareció en 1994. Se ha traducido a cinco idiomas. Más recientemente, ha fundado su propia empresa de consultoría, Soteria Associates, para proporcionar una consulta individual, familiar y de sistema, usando la envergadura de la experiencia descrita anteriormente.

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